Ayer día de San José, recordé, inesperadamente, a Pepe Hierro. La última vez que le vi ya portaba el hombre su maletín de oxígeno; fue en una cena de entrega de premios de poesía "Esquío" de la que fue jurado durante años con Julia Uceda (otra grande de la poesía española) y otros.El Esquío (que tanto prestigio poético le a dado a la ciudad de Ferrol) hace unos años que ha desaparecido, tristemente.
Hierro también nos dejó, pero su enorme obra poética ahí está para siempre.
Recuerdo como me llamó la atención en su momento, que bajo el rudo aspecto de Hierro pudiese ocultarse tanta sensibilidad.
No voy a contar nada sobre él, tenéis en vuestras manos toda la información que queráis y que vale mucho la pena, solo que al recordarle pensé en un "casi poema" que me inspiró cuando asistía a una de sus entrañables charlas, hace ya unos cuantos años.Uno de esos momentos, que yo llamo, "alimento para el alma""Una hora con Hierro"

Dejé de oír tu voz,
ya no importaba lo que decías
el sentimiento había llegado a su cenit,
y la emoción, niebla del sentimiento,
se extendió por todos los rincones;
entonces pediste un cigarrillo,
¿cortina de humo para ocultar tu sentir?
Una preciosa voz nacarada, rotunda,
defendió tu integridad física.
Varias manos quedaron en el aire,
gaviotas en planeo.
Pero.... ¿Qué le importa su cuerpo a un poeta?
¿No es acaso solo espíritu?
Y yo pensé en tu nombre,
Hierro ... Hierro.... Hierro...
Forjado en altos hornos de la vida,
en los que se cuece una chatarra muy especial,
de las proezas humanas,
de los que se van quedando en la cuneta:
sentimientos, sensaciones, sensibilidad.
Hierro ...... Hierro.....Hierro...
Un Hierro irisado, lleno de matices.
Si se repite tu nombre varias veces,
se hace blando, moldeable.
Y al final, inevitablemente,
la boca adopta forma de beso.
