Los pudientes, atentos siempre a incrementar su patrimonio, con una avidez sin límites. Nada es suficiente, parece que su ambición no tenga fin.
Los pobres o menos afortunados (hablando solo de lo económico), escuchando las promesas de "iluminados" que les prometen infinitas mejoras, aunque no tengan de donde sacarlas.
Los "cantos de sirena" del capital no parecen muy "éticos"; cuando se tiene en cuenta tan solo el dinero, se pasa por encima de quién sea y como sea, sin que importen "los muertos" que se dejen por el camino.
En los países que han gobernando las dictaduras de izquierdas, lo que ha imperado es la pobreza para el pueblo y la riqueza para los que mandan.
Visto lo visto...¿Qué sería lo mejor?
Tirar por el camino de en medio, teniendo siempre presente que las promesas electorales se cumplirán en muy pequeña parte.
A estas alturas de la película, ya sabemos que los políticos (tal vez no todos) nos mienten sin despeinarse ni un pelo
Fotos:Titania
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