jueves, 14 de noviembre de 2013

Marinero


Lloró, lloró, amargamente,
lágrimas negras de luto, de impotencia;
sentado en el catre de su barco,
su casa de toda la vida.

Lloró, lloró como un niño indefenso;
    él, un hombre curtido por tantos años de mar,
por tantos vientos huracanados,
tormentas amenazantes, despedidas, soledades....

Por calmar su llanto,
    evocó sus recuerdos:
allí siempre estaba la mar:
su primer baile fue con ella, con su balanceo,
sobre la madera de su barco.

Sus primeros miedos cuando desaparecían
entre olas inmensas.
Sus primeros dineros convertidos en regalos;
la alegría cuando la cubierta se llenaba
de peces brillantes, saltarines.
Los sueños románticos de juventud
al imaginar en sus redes a una bella sirena,
otros puertos a los que arribar,
    otras gentes a quienes conocer.

Lloró y su llanto se le atravesó en la garganta.
Su mar tan bella, cuyo beso de sal
llevaba siempre en los labios,
que le regalaba a diario
un traje de "piel salada",
su compañera de baile vestida de raso,
adornado en la noche por brillantes luceros
y cintas de plata prestadas por la luna;
iba ahora de luto con harapos negros, malolientes.

Y él marinero curtido de tantos años
no podía acallar su llanto

                                          de “ lágrimas negras”.

Noviembre de 2002

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