Ampararse en las tradiciones para sostener auténticas barbaridades no es de recibo.Que en pleno siglo XXI el hombre siga tan asalvajado como hace cientos de años no es comprensible.Que las fiestas en los pueblos por toda España tengan su principal actuación en el maltrato puro y duro a los animales, dice muy poco a favor de la sensibilidad de las gentes que en ello participan.La disculpa de algunos para todos los males que aquí acontecen, siempre es el alcohol; en todo caso debería de ser un agravante. !Qué poca ética y ninguna estética! No dejemos para nuestros hijos espetáculos tan lamentables. Dejémosles cultura de la buena y no horribles tradiciones.
martes, 1 de junio de 2010
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